Dependencias Emocionales

     La verdadera felicidad en la vida reside en encontrar el equilibrio que surge de poder estar bien con uno mismo, cultivar los momentos de soledad, y también, tener relaciones sociales de amistad, familia y amor. En esencia, todo ser humano debe apostar por su propia autonomía e independencia emocional para vivir de una forma que nos resulte satisfactoria y funcional.

     Existen parejas que tienen un alto grado de dependencia emocional, también existen madres que tienen tal apego hacia sus hijos que se asustan ante la idea de que los niños crezcan, también se puede producir una dependencia emocional respecto del trabajo, e incluso existen adicciones como el tabaco, el alcohol, el juego. Toda adicción es una dependencia que limita tu vida. En cualquier tipo de dependencia, la persona intenta cubrir de esta forma, al volcarse en otra persona o actividad, otros vacíos que tiene dentro de sí misma. Pero en vez de afrontarlos, desvía su foco de atención hacia un bien, en apariencia, más gratificante. Afecta tanto a hombres como a mujeres.

     Uno de los motivos de consulta más frecuente para los psicólogos es la dependencia emocional. Es un estado psicológico que se manifiesta en las relaciones de pareja, familia o amistad, se trata de un problema por el que se sufre una especie de "enganche" con el otro, porque existe una necesidad muy grande y continua de afecto. Es algo similar a lo que se sufre con la dependencia del alcohol, u otras sustancias.

     Estas relaciones se caracterizan por ser inestables, destructivas y marcadas por un fuerte desequilibrio, donde el dependiente se somete, idealiza y magnifica al otro. Para el dependiente esta situación afecta de forma negativa a su autoestima, y a su salud física y mental. Pese al malestar y al sufrimiento que la relación les causa se sienten incapaces de dejarla, siendo los intentos nulos o intrascendentes.

     Tienen intenso miedo a la soledad y pánico a la ruptura, la cual en caso de producirse conduce a la vivencia del síndrome de abstinencia: con intensos deseos de retomar la relación pese a lo dolorosa que esta haya sido, pensamientos obsesivos, y síntomas de ansiedad y depresión, los cuales se ocultan de forma inmediata en caso de reanudarse la relación o comenzar una nueva que sustituya la anterior.

     Los dependientes emocionales tienen una necesidad excesiva de afecto y de ser queridos y tratarán de conseguir este afecto a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. Muestran una clara resistencia a perder la fuente de seguridad y afecto que constituye su pareja. Son frecuentes las distorsiones cognitivas como el autoengaño y la negación de información que le proporciona su entorno. Poco a poco estas relaciones tan destructivas se van fortaleciendo, de modo que al sujeto le resulta cada vez más difícil salir de ellas.

     Las personas que sufren de apego excesivo, no disfrutan de las relaciones, se enganchan en exceso y pierden su individualidad satisfactoria. El dependiente emocional pone a su relación por encima de todo, incluyéndose a sí mismo, a su trabajo o a sus hijos en muchos casos. Quiere literalmente a su pareja para él solo: todo lo demás molesta, desde amigos hasta compañeros de trabajo, pasando por los hijos.

     El otro se convierte con el tiempo en alguien sobrevalorado, eso si no lo ha sido desde el principio por tener un perfil determinado de endiosamiento o de lejanía hacia los demás. No obstante, no sólo se producirá una sobrevaloración general de la pareja sino que también se podrán distorsionar sus méritos y capacidades

     Priorizan la relación sobre cualquier otra cosa o idealizan a la pareja, y el trato hacia ella va a ser de subordinación, al que le justifican todos sus actos y al que intentan satisfacer con lo que pida, tienden a aceptar todo tipo de descalificaciones por parte del otro, permitir infidelidades, hacer siempre lo que quiere la pareja, soportar las descargas de sus frustraciones incluso agresión física, o también ser y actuar como pretende o desea el compañero

     Tras la ruptura el golpe psicológico es tan fuerte que no sólo hay una inmensa tristeza, sino que además habitualmente se sufren síntomas de ansiedad intensos que impiden la concentración y que se traducen en molestias físicas o sensaciones muy desagradables, y también en pensamientos sobre el poco sentido que tiene la vida que pueden derivar en ideas suicidas.

     El dependiente emocional busca parejas dominantes, de carácter fuerte, más bien egoístas y egocéntricas, desconsideradas, posesivas e incluso déspotas, capaces de llegar al maltrato físico y/o psicológico, narcisistas, despectivas y egoístas, lo que retroalimenta su temor y desvalorización, ya que este tipo de personas suelen manipular a "aquellos que se someten al poder de sus encantos", sólo se aman a sí mismos.. También hay un perfil habitual y es de la persona con problemas, con un fondo importante de vulnerabilidad o fragilidad emocional con el que el dependiente se identifica, produciéndose igualmente una relación desequilibrada por la que se intenta controlar a dicha persona, mientras que en muchas ocasiones, se aprovecha de ese comportamiento sumiso y atiende sólo a intereses egoístas o también afectivamente enfermizo.

     Son personas con un notable déficit en su autoestima. Llegan incluso a distorsionar su autovaloración ignorando sus valores positivos y maximizando los negativos. Son críticos consigo mismos hasta el extremo y por ello se sienten culpables, incluso, del desprecio que puedan sufrir por parte de sus parejas. Lejos de mejorar, esta situación empeora con el paso del tiempo agudizándose esa relación de "dueño/a-súbdito" que se establece en la pareja. La soledad les provoca incomodidad, malestar e incluso ansiedad, y existe la idea más o menos intensa de que no son importantes para nadie, de que nadie les quiere y están abandonados. Necesita tanto de la aprobación externa que lo pasa francamente mal cuando no la tiene o cuando interpreta que ha sido rechazado; en estas situaciones, es habitual que haga "comprobaciones" de la relación.

     El dependiente nunca llega a ser feliz. Sufre problemas de ansiedad y/o depresión y un cierto desprecio por sí mismo al ser consciente de que se está arrastrando ante alguien que no sólo no lo ama sino que incluso lo maltrata. Las personas cercanas al dependiente intentan hacerle ver que esa relación que mantiene es patológica y que sólo le hace sufrir. El dependiente se enfrentará a ellos por defender su relación e incluso exigirá a sus familiares un trato especial hacia su pareja, del mismo modo que él hace.

     Suele tratarse de personas que han vivido relaciones insatisfactorias o desagradables durante toda la vida. Pueden haber sido víctimas de negligencia, abandono emocional, maltrato, abusos. Esto ha hecho que sientan un gran vacío afectivo, un vacío interior que nunca llegan a llenar y una intensa necesidad de ser amados y de encontrar a alguien que compense esas carencias. El problema es que al necesitar a alguien de una manera tan desesperada, solo logran atraer a sus vidas a personas que les hacen sufrir, puesto que una persona capaz de establecer relaciones sanas y normales suele verse agobiada por una relación tan exigente y difícilmente se implican en una relación con este tipo de personas. Por tanto, este patrón de relaciones abusivas e insatisfactorias se sigue repitiendo, haciendo que su autoestima caiga aún más y que sus carencias afectivas aumenten.

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