Duelo

     El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.). A lo largo de nuestra vida las personas tenemos que hacer frente a múltiples pérdidas. No todas las pérdidas son igual de significativas ni interfieren de la misma manera en nuestra vida cotidiana, pero toda pérdida, con valor real o simbólico, conlleva un proceso de duelo, (consciente o no) para quien lo sufre. Se trata de una reacción principalmente emocional y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe. Evidentemente, el dolor experimentado dependerá del tipo de vínculo que nos una a aquello que perdemos y a cómo esta pérdida afecta los aspectos más fundamentales de nuestra vida. Duelo es el nombre del proceso psicológico, pero hay que tener en cuenta que este proceso no se limita a tener componentes emocionales, sino que también los hay fisiológicos y sociales. La intensidad y la duración de este proceso y de sus correlatos serán proporcionales a la dimensión y al significado de la pérdida. La manifestación externa del duelo es el luto, que es su expresión más o menos formalizada y cultural.

     El duelo también se puede exteriorizar con llantos, rabia, ataques violentos y un buen número de reacciones, todas ellas consideradas normales en esos momentos. La mayoría de la gente no necesita ayuda para elaborar su duelo. El problema viene cuando alguien no resuelve adecuadamente alguna de estas tareas y siente que no consigue seguir con su vida sin que la pérdida interfiera en ésta de manera significativa. Al principio del proceso de duelo es normal que ocurran estos pensamientos, sentimientos y conductas, pero mantenido en el tiempo puede desembocar en un duelo patológico, complicado o no resuelto, que podría definirse como la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o permanece inacabablemente en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución.

     Para una buena elaboración y superación del duelo no es aconsejable querer huir de esas sensaciones de dolor, pues no se pueden enfrentar si no se expresan. Lo contrario es la negación de la pérdida, lo que llevaría a comportamientos desadaptativos.

     Si una persona muestra por lo menos tres de estos síntomas por más de seis meses entonces debe estar sufriendo un duelo patológico.

     Durante el duelo patológico la persona experimenta emociones negativas muy intensas y duraderas (tristeza, ira, culpa, confusión) que interfieren negativamente en su vida cotidiana. La intensificación del duelo puede llegar hasta un punto en que la persona niega la pérdida, se siente desbordada, recurre a conductas disfuncionales o permanece inacabablemente en este estado, sin mostrar avances en el proceso. Entre el 10 y el 20% de las personas afectadas por una pérdida pueden necesitar ayuda profesional. En estos casos el tratamiento debe darse de forma temprana para evitar la cronificación de los síntomas. La lamentación dirigida, la exposición y el entrenamiento en competencias contribuyen a aliviar los síntomas depresivos y a reconstruir la autoestima y las creencias sobre las habilidades personales.

     El problema psicopatológico se plantea cuando la persona experimenta un sufrimiento extremo, cuando se encuentra clínicamente deprimida y cuando no cuenta con recursos psicológicos suficientes o sus estrategias de afrontamiento son erróneas. En estos casos el superviviente muestra una incapacidad para adaptarse a la nueva situación planteada tras la pérdida.

     El duelo patológico se puede manifestar a nivel psicológico en forma de autorreproches, de pensamientos de muerte persistentes o de una irritabilidad inhabitual contra terceras personas. A veces, la tristeza patológica puede complicarse con otros síntomas, como el aislamiento social, la falta de cuidado personal, el enlentecimiento psicomotor, el consumo abusivo de alcohol o de psicofármacos, etc. A nivel físico, pueden surgir alteraciones de la salud persistentes: trastornos del sueño y del apetito, fatiga, dolores musculares, conductas hipocondríacas, estreñimiento, cefaleas, etc. En las fases iniciales del duelo pueden predominar los síntomas físicos. Sin embargo, con el transcurso de los meses estos síntomas pueden declinar y hacerse más frecuentes los síntomas psicológicos: desesperanza, desvalorización, ira, deseos de morir, etc. El duelo patológico se manifiesta en forma de depresión, pero a veces puede revestir también la forma de un trastorno de ansiedad o de somatización.

     Es aconsejable la búsqueda de ayuda psicoterapéutica por este problema, igualmente el acudir a grupos de autoayuda pueden ser una ayuda complementaria, sobre todo cuando las personas afectadas por la pena mórbida se encuentran aisladas socialmente.

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