
En ocasiones la vida sexual de las personas se ve influida por causas orgánicas como problemas circulatorios o el consumo de ciertos medicamentos. Pero cuando existe un trastorno sexual sin causas orgánicas, es conveniente que el paciente se someta a una terapia psicológica. Así como hay cuestiones físicas o biológicas que se pueden sanar, hay factores desencadenantes que son propios de la psiquis, cultura, emociones, religión, creencias, de las relaciones o el ambiente personal, familiar o social que buscamos o que se nos impone.
Los estudios sobre sexualidad aseguran que un importante número de hombres y mujeres padecen, o padecerán a lo largo de su vida, alguna disfunción sexual. Los trastornos de erección y eyaculación precoz son los más recurrentes en los hombres. Las mujeres, en tanto, se ven más afectadas por los niveles reducidos de deseo y las dificultades para llegar al orgasmo. Se entiende por trastorno sexual cualquier impedimento, ya sea de orden físico, psicológico o social que inhiba o dificulte la realización y goce de la actividad sexual.
Una vez más, la falta de información o educación sexual se impone como barrera para el goce. Cuando hay buena información, existe la posibilidad de estar más cerca del placer. Hay evidencias científicas que correlacionan los trastornos sexuales con merma en la calidad de vida, con especial afectación de las relaciones personales, de pareja y de la propia autoestima.
Existen tres grupos en esta categoría diagnóstica:
- Trastornos de la identidad sexual
- Parafilias
- Disfunciones sexuales
En este trastorno lo fundamental es la incongruencia entre el sexo anatómico y la identidad sexual. La identidad sexual es la conciencia de ser un hombre o ser una mujer. Es el correlato intrapsíquico del rol sexual, que puede ser definido, a su vez, como todo aquello que el individuo dice o hace para demostrar a los otros y a sí mismo que inviste la condición de niño u hombre, de niña o mujer, respectivamente.
Las parafilias, antiguamente denominadas desviaciones o perversiones sexuales -términos dejados de lado por su connotación peyorativa- se definen porque la imaginación o los actos inusuales o extravagantes son necesarios para la excitación sexual. Tales imágenes o actos, que tienden a ser insistentes e involuntariamente repetitivos, en la medida que muchos de estos trastornos implican el no consentimiento de la pareja, ellos pueden, frecuentemente, asociarse a problemas legales y sociales, éstos implican:
a) La preferencia por el uso de objetos sexuales no humanos para alcanzar la excitación sexual.
b) Actividad sexual repetitiva con personas, pero en la que se da sufrimiento o humillación real, no simulada.
c) Actividad sexual repetitiva con niños o personas que no consienten.
Por lo general, los parafílicos no experimentan su conducta como patológica, a menudo presentan disfunciones psicosexuales y es frecuente hallar entre ellos marcada inmadurez emocional. Son también comunes los problemas conyugales, de adaptación social y aquellos de naturaleza legal. El exhibicionismo representa un tercio de todos los delitos sexuales denunciados, seguido por la pedofilia. Entre ellas están:
- Fetichismo. Excitación sexual a través de un objeto específico.
Las disfunciones sexuales se caracterizan por una dificultad durante cualquier etapa del acto sexual (que incluye deseo, excitación, orgasmo y resolución) que evita al individuo o pareja el disfrute de la actividad sexual y por el sentimiento de malestar y las dificultades interpersonales que ellas generan. Se consideran siete categorías de disfunción sexual:
1. Trastornos del deseo sexual.
2. Trastornos de la excitación sexual.
3. Trastornos del orgasmo.
4. Trastornos sexuales por dolor.
5. Disfunción sexual debida a una enfermedad médica.
6. Disfunción sexual inducida por sustancias.
7. Disfunción sexual no especificada.
La ausencia o la disminución del deseo de actividad sexual y de las fantasías sexuales. Las personas con deseo sexual hipoactivo no experimentan apetencia por el coito, aún ante una pareja atractiva, adecuada y funcional.
Aversión extrema, persistente o recurrente al contacto sexual genital y evitación de dicho contacto en forma total -o casi total- con su pareja, con Malestar personal marcado y dificultad en las relaciones interpersonales. Hay una naturaleza fóbica en esta reacción, la cual puede acompañarse de sudoración, palpitaciones, náuseas y otras respuestas somáticas semejantes al pánico, aun cuando hay quienes no muestran manifestaciones tan intensas de angustia.
Incapacidad recurrente o persistente para obtener o mantener la respuesta de lubricación vaginal, propia de la fase de excitación, hasta el final del acto sexual. La respuesta excitatoria consiste en una vasocongestión pélvica, que se traduce en una lubricación y dilatación de la vagina y en una tumefacción de los genitales externos.
La característica esencial de este trastorno es la incapacidad persistente o recurrente para obtener o mantener una erección apropiada hasta la terminación de la actividad sexual.
Lo esencial de este trastorno es la inhibición recurrente o persistente del orgasmo femenino, manifestada por una ausencia o un retraso del orgasmo después de una fase de excitación sexual normal. En otros términos se define como la inhabilidad de una mujer para alcanzar el orgasmo por masturbación o por coito. Si una mujer es capaz de lograr el orgasmo por uno u otro procedimiento no será incluida en esta categoría diagnóstica, aun cuando pueda mostrar algún grado de inhibición.
La característica esencial de este trastorno es la ausencia o retraso persistente o recurrente del orgasmo, luego de una fase de excitación sexual normal en el transcurso de una relación sexual adecuada en cuanto al tipo, intensidad y duración de la estimulación erótica
Es una falta de control sobre el reflejo eyaculatorio, con el resultado de que llega al clímax antes de tiempo. En la mayoría de los casos es una fuente de frustración y aflicción, y puede a veces afectar no sólo la vida sexual de la pareja, sino todos los otros aspectos de la relación. La gran mayoría de los hombres experimentaron una eyaculación precoz en algún punto de su vida sexual. Es el problema sexual más frecuente en hombres, afectando a la mayoría de los hombres en algún punto de su vida. En los casos más graves, el hombre eyacula antes de la penetración de su pareja o segundos después de hacerlo. La ansiedad es una de las principales causas de eyaculación precoz. Un alto nivel de estrés o ansiedad, miedo y otras.
La característica esencial de este trastorno es el dolor genital recurrente o persistente asociado a la relación sexual, tanto en hombres como en mujeres. Raramente se le observa en el varón. Lo que sí es frecuente es su asociación y coincidencia con el vaginismo. El dolor sexual está ligado frecuentemente a trastornos urológicos y ginecológicos, los cuales deben descartarse. Si el dolor es cambiante lo más probable es que la etiología sea psicológica. Cuando el dolor es psicógeno, el mismo constituye un modo de expresar los conflictos sexuales, ansiedad, culpa, ambivalencia en torno a la sexualidad. Algunas veces se asocia a depresión, preocupaciones hipocondríacas, obsesivas y fóbicas y, más raramente, a esquizofrenia. A veces, el origen se halla en prácticas sexuales teñidas de sadismo o en historias de abuso sexual en la infancia.
La característica esencial del vaginismo es la aparición persistente o recurrente de espasmos involuntarios de la musculatura del tercio externo de la vagina que interfiere o impide el coito. La tirantez muscular vaginal es tal, que hace la penetración dolorosa, difícil o imposible. Por ello el vaginismo constituye una de las causas principales del matrimonio no consumado. Las causas del espasmo pueden ser físicas o psíquicas. Psicológicamente algunas mujeres son relativamente sanas y viven en armonía con su pareja. Otras son conflictivas, agresivas o ambivalentes en cuanto a la sexualidad, el matrimonio y el embarazo. En ocasiones hay historia de abuso sexual, incesto o intentos dolorosos de realizar el coito.
Lo fundamental de este trastorno es la presencia de una alteración sexual clínicamente significativa que se juzga etiológicamente relacionada a una determinada enfermedad médica.
La característica básica de este trastorno es una alteración sexual clínicamente significativa por el consumo de sustancias, sean éstas drogas, psicofármacos o tóxicos.
Esta categoría diagnóstica comprende los trastornos sexuales que no alcanzan a cumplir con los criterios para un trastorno sexual específico.
La evaluación determina el tipo de tratamiento más adecuado. En unos casos se privilegia el tratamiento médico o quirúrgico, y en otros el psicológico. Si el problema orgánico no puede ser superado plenamente se impone el consejo y la rehabilitación sexual. Si la condición psiquiátrica es la responsable del síntoma, ella debe ser tratada. Si los factores psicológicos son los responsables del trastorno sexual, entonces la psicoterapia y la sexoterapia son las indicadas. Actualmente la prescripción de actividades sexuales específicas que la pareja debe realizar en la privacidad de su hogar, es un elemento básico del abordaje terapéutico.
La terapia sexual apunta a mejorar la comunicación de la pareja, a proporcionar información adecuada y, así, corregir las creencias erróneas acerca de la sexualidad, de modo que ésta sea integrada naturalmente en un clima de aceptación del placer como un componente vital de la relación de pareja.
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