Violencia de Género

     El tratamiento histórico de las relaciones familiares ha demostrado que la violencia doméstica es tan antigua como la humanidad. Se fundamenta en una estructura de poder que permite y fomenta procesos de dominación anteriormente aceptados como naturales: el poder de corrección de los padres sobre los hijos y el sometimiento de la mujer a la voluntad del marido. Esto ha sido producto de las expresiones de un modelo de sociedad que ha prevalecido a lo largo de la historia: El Patriarcado.

     La violencia doméstica es un concepto utilizado para referirse a «la violencia ejercida en el terreno de la convivencia familiar o asimilada, por parte de uno de los miembros contra otros, contra alguno de los demás o contra todos ellos. Comprende todos aquellos actos violentos, desde el empleo de la fuerza física, hasta el hostigamiento, acoso o la intimidación, que se producen en el seno de un hogar y que perpetra, por lo menos, un miembro de la familia contra algún otro familiar. Se podría definir la violencia familiar como toda acción u omisión cometida en el seno de la familia por uno de sus miembros, que menoscaba la vida o la integridad física, o psicológica, o incluso la libertad de otro de sus miembros, y que causa un serio daño al desarrollo de su personalidad.

     De esta manera, pueden identificarse diferentes formas de violencia familiar principalmente ejercida hacia las mujeres, entre las que se distinguen de acuerdo con cada vivencia: física, psicológica, sexual, institucional, laboral, obstétrica, patrimonial y económica, todas estas hacen referencia a algunos de los tipos penales de los cuales la principal víctima es la mujer. Cualquier mujer, en cualquier tipo de hogar, puede verse afectada por la violencia doméstica. La violencia doméstica se produce a través de todas las líneas de raza, género, cultura, nacionalidad, orientación sexual, clase social y edad. Cualquiera puede ser víctima de violencia doméstica. Sin embargo se ha reportado  que 85% de las víctimas son mujeres, y que las mujeres de edades entre 16-24 son las que están a más alto riesgo de ser afectadas por violencia por parte de su pareja íntima.

     Sin embargo, el término incluye una amplia variedad de fenómenos, entre los que se encuentran algunos componentes de la violencia contra las mujeres, violencia contra el hombre, maltrato infantil, violencia contra las personas dependientes o padres de ambos sexos y/o los ancianos. De este modo, el hogar constituye un espacio de alto riesgo para su integridad, de los niños y adolescentes, derivándose de allí la denominación de violencia doméstica y ese es el rasgo más importante de este delito.

     La violencia psicológica es la forma de agresión en la que la mayoría de los países las afectadas van a quejarse y casi nunca toman acción en cuanto a dicho tipo de violencia, ya que en este caso se unen la falta de opciones legales de denuncia y protección frente a esta forma de violencia.

     De manera general se puede decir que los hombres que maltratan a su pareja son motivados por una necesidad de dominar y controlar a su pareja. Los agresores suelen presentar con frecuencia alteraciones psicológicas como falta de control sobre ira, dificultades en la expresión de emociones, déficits de habilidades de comunicación y de solución de problema y baja autoestima. Existen diferentes tipos de hombres violentos - agresores limitados al ámbito familiar, agresores con características borderline/disfóricas y agresores violentos en general/antisociales - que requieren programas de tratamiento, adaptados a sus características y necesidades específicas.

     La violencia doméstica comporta graves riesgos para la salud de las víctimas tanto a nivel físico como psicológico. El impacto emocional que genera esta situación es un factor de desequilibrio para la salud mental tanto de las víctimas como de los convivientes. Las consecuencias del maltrato incluye a nivel físico lesiones de todo tipo, traumatismos, heridas, quemaduras, relaciones sexuales forzadas, enfermedades de transmisión sexual, embarazos de riesgo y abortos, y algunos casos la muerte; a nivel psicológico se incluyen trastornos por estrés post-traumático, ansiedad, depresión, intentos de suicidio, abuso del alcohol, las drogas y los psicofármacos, trastornos por somatización,  disfunciones sexuales, aislamiento social, pérdida del empleo, absentismo laboral.

     Igualmente existen consecuencias sobre los hijos como testigos de la violencia como lo son el riesgo de alteración de su desarrollo integral, sentimientos de amenaza, dificultades de aprendizaje, dificultades en la socialización, adopción de comportamientos violentos con los compañeros, mayor frecuencia de enfermedades psicosomáticas y trastornos psicopatológicos secundarios. A más largo plazo también existen consecuencias relevantes  como la violencia transgeneracional (se ha establecido relación entre los niños maltratados o que visualizan violencia y la violencia familiar en el futuro). Finalmente también existen consecuencias para el agresor como la  incapacidad para vivir una intimidad gratificante con su pareja, riesgo de pérdida de pareja e hijos, riesgo de detención y condena  judicial, aislamiento y pérdida de reconocimiento social, sentimientos de fracaso, frustración y resentimiento, rechazo familiar y social, dificultad para pedir ayuda psicológica y psiquiátrica.

     Puedo ayudarte a resolver tu problema y pongo a tu servicio mi profesionalidad y experiencia. Puedes rellenar el formulario y contactar conmigo cuando estés preparad@ para ello.

Haz una Cita

    Todos los datos introducidos son confidenciales. Consulta nuestra Política de Privacidad para más información. 

Apellidos y Nombre *
Teléfono Celular *
Correo electrónico *
Selecciona un Servicio OnLine *
Comentarios

* Campos Obligatorios